¿Qué es un Blázar?
Un blázar no es un objeto distinto de un cuásar: es lo mismo visto desde otra butaca. Su chorro relativista apunta por casualidad a pocos grados de la Tierra, y esa geometría por sí sola multiplica su brillo aparente por cientos, convirtiendo una galaxia lejana en una de las fuentes de aspecto más violento del cielo.
El mecanismo es la amplificación relativista. El plasma que sale despedido al 99,5 % de la velocidad de la luz radia su energía hacia delante en un cono estrecho, de modo que un observador situado dentro de ese cono recibe una emisión amplificada por el cubo del factor Doppler. El mismo chorro visto de lado no tendría nada de particular. Este modelo se representa desde dentro del cono, y la amplificación se calcula a partir de la geometría de visión en vez de fijarse a mano: gira hacia un lado y el chorro se atenúa exactamente como dice la física.
La misma geometría produce una de las mejores ilusiones ópticas de la astronomía. Como los nudos emisores persiguen su propia luz en nuestra dirección, la interferometría radio los cronometra a menudo moviéndose por el cielo a velocidades aparentes de varias veces c. Nada supera la velocidad de la luz: es la proyección la que miente, y cuánto miente indica la velocidad y el ángulo reales del chorro. Los blázares también fulguran más rápido que cualquier otro objeto de su tamaño, a veces duplicando su brillo en horas, lo que confina la región emisora a un volumen no mayor que el Sistema Solar.
Vienen en dos sabores: los objetos BL Lacertae, de espectros casi sin rasgos, y los cuásares de radio de espectro plano, con intensas líneas de emisión anchas. En 2017 el blázar TXS 0506+056 fulguró en rayos gamma justo cuando IceCube detectaba un neutrino de alta energía procedente del mismo trozo de cielo: la primera vez que se identificó un objeto concreto como fuente de neutrinos cósmicos, y un hito de la astronomía multimensajero.
