¿Qué es un Nube molecular?
Una nube molecular es una concentración fría y densa de gas interestelar: lo bastante fría para que el hidrógeno se empareje en moléculas en vez de vagar como átomos sueltos, y lo bastante densa para que el polvo de su interior bloquee la luz de todo lo que hay detrás. Cada estrella que ha existido se condensó a partir de una de ellas.
A diez o veinte grados sobre el cero absoluto, son los objetos grandes más fríos de la galaxia, y casi nada en ellos resulta visible. No emiten luz propia digna de mención. Lo que las delata es una resta: una nube molecular se interpone ante los abarrotados campos estelares de la Vía Láctea y sencillamente los borra, dejando en el cielo un agujero que los astrónomos del siglo XIX tomaron sinceramente por un hueco entre las estrellas. William Herschel, mirando una de ellas, escribió «hay un agujero en los cielos»: estaba mirando lo más denso del campo.
En una nube no ocurre nada durante muchísimo tiempo, y luego ocurre todo de golpe. La turbulencia y los campos magnéticos la sostienen contra su propio peso, pero ambos se disipan, y cualquier zona que alcance densidad suficiente empieza a caer hacia dentro más rápido de lo que la presión puede resistir. Esa zona se fragmenta al colapsar, y cada fragmento vuelve a fragmentarse, y por eso las estrellas nacen a cientos y no de una en una. El Sol tuvo hermanas; hace mucho que se dispersaron por la galaxia.
El modelo es un volumen de absorción, no de emisión. La luz del campo estelar de fondo se atenúa según la cantidad de polvo que atraviesa cada rayo, de modo que un filamento denso borra realmente las estrellas de detrás mientras que un borde tenue las deja pasar, exactamente como funciona la extinción en la realidad. La estructura filamentosa tampoco es decorativa: la turbulencia supersónica desgarra las nubes moleculares en filamentos y láminas, y son los nudos densos de las intersecciones los que acaban colapsando.
