¿Qué es un Disco protoplanetario?
Un disco protoplanetario es el disco aplanado y giratorio de gas y polvo que rodea a una estrella recién formada. Todo lo que un sistema planetario llegará a contener está ahí dentro, y el Sistema Solar tenía exactamente este aspecto hace unos 4600 millones de años.
El disco existe por una ley de conservación. El fragmento de nube que colapsa para formar una estrella siempre gira un poco, y al encogerse ese giro tiene que acelerarse, igual que un patinador acelera al recoger los brazos. El material que cae a lo largo del eje de rotación llega al centro sin obstáculos; el que cae en el plano ecuatorial no puede, porque se mueve demasiado rápido de lado. Así la caída se aplana, y la estrella acaba alimentada por un disco y no por una esfera.
El problema evidente de ese relato es que el disco tiene demasiado momento angular para caer. La naturaleza lo resuelve con violencia: las líneas de campo magnético que atraviesan el disco interno lanzan parte del material de vuelta hacia fuera por los polos a cientos de kilómetros por segundo, llevándose el exceso de rotación y permitiendo que el resto espirale hacia dentro. Los chorros gemelos no son un efecto secundario de la formación estelar: son el mecanismo que la permite.
Lo que zanjó el debate sobre la rapidez con que se forman los planetas fue una imagen. En 2014 ALMA resolvió el disco de HL Tauri —una estrella de mucho menos de un millón de años— y lo encontró cortado por huecos concéntricos limpios, cada uno barrido por un cuerpo ya lo bastante masivo para despejar su órbita. Resultó que los planetas no se construyen despacio después de que la estrella se asiente: se construyen mientras la estrella todavía se está formando. El modelo incluye esos huecos, las protoplanetas pastoras que los ocupan, las ondas de densidad espirales que lanzan y el cizallamiento kepleriano que hace que el disco interno adelante al externo.
