¿Qué es un Agujero de gusano?
Un agujero de gusano es un túnel en el espacio-tiempo: dos regiones distantes unidas por un atajo que no pasa por el espacio que las separa. A diferencia de un agujero negro no tiene horizonte ni singularidad: la luz y la materia pueden entrar por un lado y salir por el otro.
La idea es tan antigua como la propia relatividad general. Einstein y Nathan Rosen hallaron la primera versión en 1935 mientras intentaban describir las partículas como rasgos de la geometría en lugar de como cosas colocadas en ella; el «puente de Einstein-Rosen» resultó conectar dos regiones exteriores a través del interior de un agujero negro. Esa versión es inútil para viajar: se estrangula más rápido de lo que nada puede cruzarla. Hacer una que permanezca abierta, que es lo que Kip Thorne y Michael Morris resolvieron en 1988, exige enhebrar la garganta con materia de densidad de energía negativa. Nunca se ha observado nada así en las cantidades necesarias. La geometría es relatividad general legítima; el problema es la fontanería.
Lo que hace que un agujero de gusano merezca representarse es que no es un agujero en absoluto, y que toda intuición formada con agujeros negros falla aquí. No hay sombra. Los rayos con momento angular menor que el radio de la garganta no caen y se detienen: la atraviesan y siguen su camino en un segundo universo, así que el centro de la imagen es un ojo de buey redondo con un cielo completamente distinto detrás. Los rayos que estuvieron a punto de enhebrar la garganta se enrollan a su alrededor y vuelven, y eso es lo que dibuja el anillo brillante que perfila la ventana.
Esta escena integra la ecuación geodésica exacta de Ellis-Bronnikov en lugar de aproximar su aspecto. La métrica tiene simetría esférica, así que cada rayo permanece en un solo plano y todo el problema tridimensional se reduce a dos ecuaciones diferenciales ordinarias, integradas píxel a píxel. El cielo lejano no es una textura, ni un mapa cúbico, ni un montaje: es un segundo campo estelar procedimental muestreado según la dirección que cada rayo lleva realmente al emerger, y por eso la vista a través de la garganta gira como lo haría una ventana al orbitarla, y no como una calcomanía.
